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sábado, 30 de mayo de 2009

El norte y el sur

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En el concentrado espacio de la ciudad de Buenos Aires conviven realidades diametralmente opuestas. La avenida Rivadavia la corta en dos: al norte quedan la elegancia, el consumo y las oportunidades; al sur la lucha diaria, el relegamiento y el desamparo.
Ese fue el tema central del programa de este sábado 30 de mayo. Lo que sigue es un fragmento de una de las célebres Aguafuertes porteñas que Roberto Arlt escribía en el diario El Mundo allá hacia fines de la década del '20 y comienzos de los años '30. Eran los tiempos de la gran crisis mundial y la Argentina, todavía potencia, empezaba a exhibir en las calles de Buenos Aires el declive que vendría.

No, un vagabundo no. La definición exacta sería ésta: un cuerpo que camina lentamente entre las sombras. Un cuerpo que tiene dos ojos que no miran para afuera sino para adentro y una frente rayada de meditaciones. Camina. Entra en los cuerpos de tinieblas que proyectan las alturas de las casas y sale a la claridad de los focos como si estuviera atravesando subterráneos que cortan al sesgo las luces suspendidas.
Eso es, en apariencia, todo (...) Cada hombre llevaría un problema dentro de la noche. Y para poder pensar en él ha tomado la calle; porque la calle da la sensación de distancia, de camino, vaya a saber hacia qué país mejor.

Aguafuertes porteñas - Roberto Arlt

lunes, 25 de mayo de 2009

Mafalda


¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?
(Mafalda)

En la calle Chile N° 371, en San Telmo, la modernidad bajó su ritmo de vértigo y su apresurado andar turístico.
A horas de la mañana, entre las ocho y media y las once, el sol se cuela por los ladrillos de vidrio del frente del edificio donde vivió Joaquín Lavado, Quino, en la década del '60: piso 10, departamento E.
En esa fachada de marco verde, sobre la vereda, en uno de los barrios ícono del porteñismo ciudadano, se sentó Mafalda a decir las verdades universales, irrefutables que salían de la mente de Quino.
Mafalda no existió en carne y hueso pero los vecinos de San Telmo, viejos y nuevos, la recuerdan y la añoran como si hubiera caminado por las calles Chile y Defensa con su paso infantil y su sabiduría añeja.
Me atrevería a decir que la quieren más que a Quino, quien como ustedes saben, es un hombre tímido que volcó en ese personaje el aliento de lo imperecedero.
La historieta “Mafalda” apareció en tiras cómicas de diarios argentinos entre los años 1964 y 1973. Su mundo está rodeado por los inolvidables personajes que todos conocemos.
El almacén 'Don Manolo' está, existe, queda en la calle Balcarce N° 772. Ahora es un kiosco y puesto de comidas.
Eduardo Fernández, el hijo de Don Manolo, es un personaje verborrágico al que todos saludan al pasar. Manolito habla mucho, se define radical de Illia, le interesa la política y en el desorden del kiosco, que es como una ventana con mostrador, conviven caóticamente golosinas con milanesas, pickles, fotos antiguas de San Telmo, calcomanías de la vieja YPF antes de la privatización e imágenes de Pino Solanas, el político que el Manolito de Mafalda elige.
Gabriel García Marquez dice que nunca escribe una historia sin veinte años de distancia entre el hecho real y la literatura que genera.
Quino nunca le dijo a Manolo que él es el Manolito de Mafalda. Así funciona la inspiración.
El almacén 'Don Manolo' cierra sus puertas y en unos meses la estatua de Mafalda instalará el homenaje a esa niña de clase media preocupada por la humanidad.
Una vez Quino dibujó una Mafalda adulta. Después en un reportaje le preguntaron cómo sería Mafalda hoy; Joaquín Lavado respondió: "Mafalda, hoy, estaría muerta o desaparecida".

lunes, 18 de mayo de 2009

Minorías


¿Alguna vez te sentiste fuera de todo?, ¿tuviste la sensación de que las cosas pasaban por otro lado sin ni siquiera rozarte?
¿Te sentiste caído o caída del mapa? ¿Sin voz?, peor: ¿sin que nadie escuchara tu voz?
Si sos ama de casa, ¿te sentiste agobiada?
Si sos homosexual, ¿te sentiste solo o sola?
Si sos pobre, ¿te sentiste angustiado o angustiada?
Si sos marginal, ¿te sentiste en el fin del mundo?
Si sos mujer, ¿te sentiste golpeada?
Si sos hombre, ¿te sentiste abatido?
Si sos campesino, ¿te sentiste explotado o explotada?
Si sos inmigrante, ¿te sentiste excluido o excluida?
Si sos alguien, ¿te sentiste nada?
Eso sucede con las minorías: si no le ponemos sonido al silencio, las exclusiones se convierten en naturales, los delitos se vuelven invisibles, las diferencias se hacen abismales.
En la calle Corrientes, a la altura de Uruguay, duermen, en el cubículo caliente del espacio bancario que ocupan unos cajeros automáticos, duermen unos chicos que sobreviven en la ciudad, no tendrán más de ocho u once años.
La gente entra, saca el dinero, sale. Así consecutivamente, nadie parece verlos, salvo en el temor.
Están ahí, invisibles en su minoría de menores, nadie los llamará niños o niñas.
Emulando a Sean Penn en ‘Milk’, su última actuación: soy Cynthia García, vengo a convocarlos.